
Todo empezó un jueves 10 de noviembre de 2011. Núria Puig, la profesora de Creatividad me mandó observar una naranja. Sí, sí; lo lees bien: una naranja. De esas de Valencia, de las que te comes en casa cuando llega el frío, de las que exprimen en las películas para hacer el zumo que llevan a la cama a la pareja en un súper desayuno romántico.

Total, que me encontré delante de una naranja, puesta en la mesa, dispuesto a describir que veía. El problemaes que yo sólo veía una naranja. Una piel gruesa y naranja (hay que felicitar a nuestra lengua por tener esta gran ocurrencia color-fruta). Pero las cosas, cuanto más las miras, las piensas y las observas, supongo que más las comprendes
De buenas a primeras sé (gracias a Wikipedia) que “es una fruta cítrica comestible obtenida del naranjo dulce (Citrus × sinensis), del naranjo amargo (Citrus × aurantium) y de naranjos de otras especies o híbridos, antiguos híbridos asiáticos originarios de India, Vietnam o el sureste de China.1 Es un hesperidio carnoso de cáscara más o menos gruesa y endurecida, y su pulpa está formada típicamente por once gajos u hollejos llenos de jugo, el cual contiene mucha vitamina C, flavonoides y aceites esenciales”. Yo creo que sólo diría que es redonda, de color naranja y con una piel lisa pero con grietas (algo un poco opuesto, pero es así).

Se pela, las nuevas generaciones lo suelen hacer con algún utensilio que corte, pero cuenta la leyenda que hay ancianos capaces de hacerlo con las propias uñas. Lo jodido de pelarlas no es cómo lo haces, sino que te toque una naranja hijadeputa, de esas que una vez quitada la piel importante cubren los gajos con esa pelusilla blanca que cuesta la vida quitar. Quizás deberían inventar un producto para quitar esa molesta capa que separa esas medialunas unidas de nuestras papilas gustativas. Puede que el que lo invente se forre…
En cuanto al sabor de la naranja… bueno, la verdad es que no sé cómo explicar cuál es su sabor. Todos sabemos que hay varios tipos de sabor de naranja: esas que están rancias como ellas solas, las secas que casi que sólo tienen pellejo (y no tienen sabor), esas dulcecitas, algunas más ácidas… La verdad es que es una difícil elección porque tan solo puedes guiarte por el aspecto exterior de las pobres naranjas… ¡Y luego nos quieren colar eso de “la belleza está en el interior” y que no debemos fijarnos sólo en lo de fuera!
Lo mismo pasa con el olor, o te inundas de partículas que estimulan tus pelillos de la nariz con un dulce olor con el que te comerías 10 naranjas iguales o te quedas como un lelo esperando cualquier síntoma de que tu (desafortunada) elección naranjil empiece a manifestarse en tu nariz.
Sea como fuere, la naranja siempre ha sido un buen recurso de la raza humana. No hay que buscar mucho; en las cosas cotidianas siempre encontramos a la naranja: el sabor por excelencia del Tang, el Frenadol, la mezcla chocolate-naranja o la nueva e ingeniosa aspirina.



Incluso se le ha dedicado alguna canción, películas que contenían su nombre (“La naranja mecánica”) e incluso monólogos. ¡Quién e iba a decir a mi ese jueves 10 de noviembre que las naranjas daban para tanto! ¡Si ha sido hasta mascota de un mundial de futbol!


Pero bueno, la verdad que ahora veo a las naranjas aburridas y cansinas; las he aborrecido para todo el verano. Lo único que puede sacarme una sonrisa cuando esté con una naranja es sacar a la luz mi instinto asesino, clavarle un cuchillo, partirla por la mitad y beberme su zumito.